Mujeres migrantes en tránsito por la ciudad de Guadalajara, México. El caso del albergue ‘El Refugio’

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Por Eduardo González Velázquez
egongalez@itesm.mx

La práctica de la docencia se debe llevar a cabo en una multiplicidad de espacios que superan ampliamente lo pequeño de un salón de clases. Por ello, en el aula, a mis estudiantes les enseño teóricamente las dinámicas del fenómeno migratorio, pero también con trabajo de campo en los albergues y comedores donde reciben auxilio los migrantes a su paso por Guadalajara. De esa manera conseguimos mezclar atinadamente la teoría y la práctica para obtener un mejor conocimiento que favorezca la formación integral de los estudiantes.

El impacto que actualmente tiene el tema migratorio en la educación es muy amplio, no solamente porque al no tener acceso a la educación algunos mexicanos se ven obligados a emigrar, sino también porque en el actual contexto de los migrantes de retorno a México urge crear los mecanismos adecuados para su atención educativa, por lo que es necesario enseñar la temática migratoria, así se origina este artículo sobre las mujeres migrantes en tránsito por Guadalajara. Mujeres que casi siempre viajan solas, salen de sus comunidades sin la ayuda de una persona que las guíe por el desierto, motivadas principalmente por construir un proyecto de vida independiente; de vivir un proceso de empoderamiento.

La enseñanza de la migración en el salón de clase y el trabajo de campo, permiten a profesores y estudiantes conocer y entender de mejor manera el fenómeno migratorio.

En sus recorridos de campo mis estudiantes pudieron conocer de primera mano la feminización de la migración, y las condiciones de violencia sufridas por las mujeres en las comunidades de origen y a lo largo de las rutas migratorias. Así como las estrategias para permanecer algunos días en Guadalajara antes de continuar su camino al norte. La violencia vivida en las rutas migratorias es una extensión de las difíciles situaciones en las comunidades de origen. Asaltos, violaciones, abuso y acoso sistemático por parte de las autoridades y de los agentes policiales y miembros del Ejército y la Marina; incluso la violencia no concluye con el fin de la aventura migratoria, por el contrario, al llegar a las comunidades receptoras se sigue experimentando un entorno violento.

Foto por  Peter Haden

Foto por  Peter Haden

En medio de la violenta territorialidad de las rutas migratorias construidas por los exiliados bélicos y económicos, irrumpe la red de albergues y comedores que humanizan la constante huída ciudadana. Para muchas mujeres alcanzar las puertas de un albergue puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, entre quedar a mitad del camino o poder seguir soñando con alcanzar la frontera norte. Es en estos lugares de atención a los migrantes donde  mis estudiantes aumentan significativamente su conocimiento sobre la migración.

Para muchas mujeres alcanzar las puertas de un albergue puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

De la población que ha recibido el albergue El Refugio desde 2013, 5% son mujeres. De las 133 registradas, 40 son mexicanas; 58 proceden de Honduras; 13 son salvadoreñas; 21 guatemaltecas y una de Nicaragua. 17 de ellas viajaban en compañía de sus hijos, de las cuales 4 eran mexicanas, 11 hondureñas, 1 de Guatemala y otra salvadoreña. Solamente 12 viajaban acompañadas de un hombre. Catorce regresaban a sus comunidades. El tiempo promedio de estancia en El Refugio es de 2 días. La mujer de mayor edad registrada tenía 57 años y la de menor 21. El niño más pequeño apenas contaba con 4 días de nacido.

La migración femenina está reconfigurando las relaciones familiares, laborales, de género, y de poder en general; además de profundizar la autonomía femenina. Las mujeres centroamericanas y mexicanas que experimentan la “obligatoriedad migratoria” por motivos de violencia sin adjetivos, se convierten en “exiliadas vulneradas” por una lacerante realidad abarrotada de profunda violencia que limita el ejercicio de su ciudadanía, acorralándolas en una práctica de “ciudadanía pendiente”.

La migración femenina está reconfigurando las relaciones familiares, laborales, de género, y de poder en general; además de profundizar la autonomía femenina.

Desde luego, los avances en el estudio y la enseñanza de la migración tanto en las aulas de clases como en el trabajo de campo, ha permitido a profesores y estudiantes conocer y entender de mejor manera el fenómeno migratorio; y en ese sentido contar con mejores herramientas teórico-empíricas para proponer soluciones holísticas a las amplias problemáticas generadas en los contextos migratorios.


Acerca del autor

El Dr. Eduardo González Velázquez es Profesor-Investigador en la Escuela Nacional de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara.