Estrellas: la renovada vocación del maestro

Por Eduardo Daniel Ramírez Silva
teacherdanielram@gmail.com

¿Qué piensas cuando escuchas la expresión “cada cabeza es un mundo”? Se nos pueden ocurrir varias ideas al respecto, pero desde cierto punto de vista, podemos pensar que se refiere a la valoración de cada persona como un ser único, con su propia identidad, con su forma de pensar, de percibir la realidad, con sus historias y sus contextos.

A pesar de que ese dicho provenga de la sabiduría popular, en cierta medida es verdad. Por esta razón, deberíamos detenernos un momento para analizar el trasfondo del mensaje que se nos quiere transmitir, y lo haremos a través de la siguiente analogía.

Tomemos al sistema solar como nuestra referencia; los ocho planetas y sus satélites giran alrededor del sol recibiendo su calor y su luz pero no todos los reciben con la misma intensidad. En el contexto escolar, ocurre algo similar, en un salón de clases los alumnos se encuentran alrededor del profesor recibiendo luz y calor proveniente de éste, es decir sus conocimientos, entonces el aula se torna como el sistema solar, los estudiantes son los planetas y el maestro el sol.

Es así como logramos entender que cada cabeza es un mundo y nosotros como maestros (soles) tenemos el deber de proporcionar luz y calor a cada cabeza, a cada mundo. Esta postura coloca la figura del maestro en el punto central de un sistema educativo obsoleto, nos posiciona como los poseedores del conocimiento asumiendo un rol protagonista, y a pesar de que somos fundamentales en la formación de las personas, la verdad es que nuestro tiempo presente nos ha arrojado una cultura que ha transformado las necesidades de los individuos y que requieren de nuevas formas en la educación para mejorar nuestro entorno natural y social.

El aula se convierte en un universo lleno de alumnos, hermosas estrellas que están por nacer.

El rol del maestro también debe transformarse, es parte de y vive en estos cambios culturales y se tiene que repensar y replantear el sentido del deber y la vocación que los maestros tenemos en la sociedad. Para ello, hago una propuesta que explico con otra analogía que también tiene que ver con el espacio exterior.

A través del tiempo, las estrellas nos han maravillado y cautivado; los seres humanos hemos creado tantas cosas en torno a ellas de acuerdo con el momento histórico y el contexto cultural, desde constelaciones que nos han servido como guías en la búsqueda de nuevas tierras y así no perdernos en el camino, hasta usarlas como fuente de inspiración para escribir cuentos y poemas que han enamorado a muchas personas.

Los maestros tenemos una nueva misión: guiar a nuestros alumnos para que descubran su luz.

A pesar de lo anterior, ¿qué son en sí las estrellas? Básicamente son una bola plasmática compuesta de hidrógeno y helio surgida de nebulosas, estos componentes se contraen debido a la gravedad y por ende aumenta la densidad, la presión y el calor generando su brillo, es decir, son como un enorme reactor nuclear en el que los átomos de sus componentes están en constante movimiento y a una gran velocidad, esto hace que se libere una enorme cantidad de energía que, a su vez, genera altísimas temperaturas provocando el brillo de estos cuerpos celestes que tanto nos cautivan.

Desde esta perspectiva, en lo personal, he dejado de ver a cada cabeza como un mundo y he empezado a concebirlas como una estrella, donde estamos incluidos nosotros los maestros, ya que en realidad debemos ser los primeros en estar conscientes de este proceso maravilloso en el que descubrimos nuestra luz, en el que generamos nuestro propio brillo, lo que nos enciende y nos motiva a vivir una vida extraordinaria y a dotar de un nuevo sentido a nuestra vocación.

Con base en lo anterior, el salón de clases deja de ser el sistema solar para convertirse en el universo que está repleto de estrellas hermosas que están por nacer. Los mundos ya no se colocan alrededor del sol sino que todas las estrellas nos encontramos en un mismo plano astral, nadie está arriba o abajo, todos somos iguales y nos situamos en una misma posición con la misma capacidad de brillar de manera individual pero que juntos embellecemos al universo inmenso e infinito.

Los maestros tenemos una nueva misión, la cual no es proporcionar luz, sino guiar, como las estrellas a los antiguos navegantes, a nuestros alumnos para que descubran su luz y para que generen su propio brillo.


Acerca del autor:

Eduardo Daniel Ramírez Silva es Lic. en Gestión Cultural. Actualmente es profesor de preparatoria, imparte las clases de Ética, Literatura y Estructura Socioeconómica de México. Está a cargo de la orientación y tutoría del primer año de preparatoria, es coordinador del equipo de debates, además realiza proyectos de promoción de lectura. También se dedica a la asesoría, al diseño y a la evaluación de proyectos culturales de manera independiente.