La Mirada de la Evaluación

Foto: ninniane / Flickr

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Por Claudia Hortencia Aguayo Hernández
claudia.aguayo@itesm.mx

Nuestra naturaleza humana nos lleva a evaluar eventos, situaciones, objetos, hechos, y por supuesto personas, de forma tan natural, que de pronto en el proceso podríamos perder de vista el centro de lo observado sujetando la evaluación a la perspectiva personal, ya que quien realiza la acción lo hace desde una mirada repleta de historia, de necesidades propias, de experiencias y de expectativas.

Y en este sentido, cabe la pregunta ¿es formativo el proceso de evaluación?

La evaluación en la educación, esa que refiere al aprendizaje del alumno, es el mismo proceso –humano y natural- que lleva a cabo una persona en su rol de profesor, entonces ¿cómo podemos hacer una evaluación objetiva, justa, confiable y válida, pero sobre todo que sirva al desarrollo y formación del alumno?

Quien realiza la evaluación, lo hace desde una mirada repleta de historia, experiencias y expectativas.

La evaluación del aprendizaje es un proceso y un acto de rendición de cuentas del mismo estudiante, pero también de cada maestro que le enseña y de la institución que ha tomado el compromiso de entregar a la sociedad un profesionista con un perfil determinado.

La definición de evaluación se puede encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española, como: “1. Señalar el valor de una cosa. 2. Estimar, apreciar, calcular el valor de una cosa”. En la educación se asocia al logro de los objetivos de aprendizaje y se mide con exámenes o actividades que dan una calificación.

Pero medir el logro de un objetivo de aprendizaje, que regularmente implica solo aspectos cognitivos que el alumno será capaz de aplicar, ya no es suficiente para impulsar la sobrevivencia de un profesionista en la sociedad del conocimiento que perfiló Peter Drucker desde 1969, o en la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, a esta realidad tan desafiante debe responder la educación.  Por ello, ya algunas instituciones están trabajando seriamente con un enfoque basado en competencias.

La evaluación basada en competencias necesita ser pensada no como una comparación entre individuos, sino como un proceso de recolección de evidencias y de formulación de juicios sobre la medida y la naturaleza del progreso hacia los desempeños requeridos.

La evaluación basada en competencias necesita ser pensada no como una comparación entre individuos, sino como un proceso de recolección de evidencias.

Y entonces, ¿qué implica para una institución educativa y para el docente evaluar competencias?

  1. Tener claridad en el planteamiento de la competencia. Una competencia correctamente establecida es el mejor inicio para la evaluación.
  2. Determinar el nivel a lograr, a través de descriptores cognitivos, conductuales, actitudinales.
  3. Identificar las evidencias que demuestran la competencia.
  4. Definir los criterios de desempeño, coherentes a cada evidencia.
  5. Orientar un proceso de observación y retroalimentación continúo, que de la posibilidad de aprender tanto del error como del acierto para mejorar.

Todo lo anterior, en el marco de una actuación colegiada, interdisciplinaria y vinculada con profesionales especialistas en el campo laboral.

El proceso de evaluación es clave para el aprendizaje del alumno, y cuando se trata de evaluar sus competencias conlleva un alto grado de planeación y diseño de evidencias e instrumentos, observación de los desempeños del alumno, y sobre todo una retroalimentación constante para la mejora del nivel de logro de las competencias; como profesor, evaluar competencias implica un alto compromiso con el desarrollo del alumno, pero también la satisfacción de formar alumnos con mayores posibilidades de tener éxito en el entorno actual, tanto laboral como social.

¿Estamos preparados como docentes para evaluar? Necesitamos orientar nuestra práctica, investigar y documentar nuestras experiencias como docentes, probando nuevas estrategias y procesos, materiales y entornos, y con ello generando conocimiento que luego podamos compartir. Te invito a utilizar la evaluación como parte del aprendizaje de nuestros estudiantes para así descubrir y potencializar sus competencias en la vida diaria.


Acerca del autor:

Claudia Aguayo Hernández es maestra en Educación con especialidad en Desarrollo Cognitivo, con estudios y experiencia en las áreas de recursos humanos, innovación educativa y desarrollo personal en el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara.