Inclusión y diversidad en la enseñanza de las ingenierías

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Necesitamos una educación inclusiva que vea por sectores marginados y socialmente excluidos. En el caso de las universidades aún queda mucho por hacer como la vinculación de la enseñanza de la ingeniería con fundaciones, organizaciones no gubernamentales y el sector privado.

La diversidad es una de las características de la naturaleza que ofrece muchas ventajas a los organismos vivos. Gracias a la diversidad, aún entre especies completamente diferentes, se logra la cooperación. En la sociedad humana la diversidad implica reconocer que nos necesitamos unos a otros a fin de poder resolver problemáticas y desarrollar iniciativas que promuevan el bienestar de los demás. En términos educativos, y particularmente en el caso de las universidades, la inclusión se entiende como brindar acceso a la educación superior a todas las personas sin excepción. En particular, cuando se trata de estudiantes en situaciones desventajosas físicas, económicas o de otra índole, las universidades tienen una obligación moral de hacer algo al respecto (Blessinger, Hoffman y Makhanya, 2018)

La diversidad y la inclusión son una obligación en la educación. De acuerdo con la UNESCO, la inclusión es un proceso en el que las necesidades de niños, jóvenes y adultos son abordadas y atendidas promoviendo una mayor participación tanto en el aprendizaje, como en la cultura y en la comunidad. En este contexto, la meta es que se reduzca o se elimine la exclusión dentro y fuera de la educación (UNESCO, 2009).     

 

Los estudiantes encuentran sentido a los conocimientos que adquieren cuando tienen la oportunidad de aplicarlos en un ambiente real para el bienestar de la comunidad y con efectos de alto impacto. Esto los motiva y genera mayor satisfacción en ellos mismos.

 

Sin embargo, hay un aspecto de la inclusión que toma más fuerza y significado: tomar en cuenta a sectores marginados. Cuando los proyectos académicos, en áreas como la ingeniería, se desarrollan más allá de las fronteras comunes en las universidades (laboratorios), y llegan a sectores marginados, los estudiantes pueden sensibilizarse a los problemas de la sociedad y aportar su talento en la solución de esos problemas mientras desarrollan su formación académica.

Al respecto, en la reunión PAEE/ALE 2018, se presentó un ejemplo de inclusión documentado llamado Caso Shanzu. Este caso fue desarrollado por la Universidad de Aalborg y se centró en la enseñanza de contenidos de ingeniería eléctrica e ingeniería civil junto con otras disciplinas de evaluación de riesgos y sustentabilidad en una comunidad de Kenia. La aplicación de la metodología Aprendizaje Basado en Problemas llevó a la solución de problemas de abasto de agua y calidad del agua en esta región. Además de los universitarios y la comunidad en la solución a este problema, también participaron ingenieros civiles de Grundfos (compañía danesa orientada a la solución de problemas de agua en cualquier parte del mundo). Cuando la compañía identificó problemas en la comunidad, presentó un proyecto a la fundación Poul Due Jensen Foundation a fin de conseguir fondos para solucionar el problema.

 

En la sociedad humana la diversidad implica reconocer que nos necesitamos unos a otros a fin de poder resolver problemáticas y desarrollar iniciativas a favor de un bien común.

 

Cuando los estudiantes tienen la oportunidad de aplicar sus conocimientos en un ambiente real con efectos de alto impacto para el bienestar de la comunidad, sin duda es motivante y genera mayor satisfacción en ellos mismos y encuentran sentido en los conocimientos que adquieren. Este tipo de actividades también fortalece su currículum ya que los empleadores perciben a estos estudiantes con más capacidades profesionales.

En el semestre agosto-diciembre 2017, se implementó un Semestre i con la empresa Frigus-Bohn. Durante este periodo los estudiantes extendieron las competencias éticas y ciudadanas desarrolladas en el curso “Ética Profesión y Ciudadanía más allá de su entorno académico”. Los estudiantes invitaron a los hijos de los trabajadores de esta compañía a compartir con ellos las habilidades adquiridas en su carrera. En ese semestre los estudiantes invitaron a los trabajadores interesados en que sus hijos aprendieran temas de robótica a inscribirse en un taller diseñado con ese fin. Se inscribieron 15 niños de diferentes edades, desde educación primaria hasta preparatoria en un curso que duró tres semanas. Los grupos formados fueron homogéneos. El mismo taller que se impartió a estudiantes de preparatoria, se adaptó para que los niños del nivel primaria recibieran un contenido adecuado a su edad, y así sucesivamente. Los trabajadores padres de los niños, se sintieron tomados en cuenta y pudieron generar un ambiente motivacional y aspiracional al permitir que sus hijos se capacitaran en las instalaciones del Tecnológico de Monterrey.

En términos de inclusión y diversidad aún queda mucho por hacer como la vinculación de la enseñanza de la ingeniería con fundaciones, organizaciones no gubernamentales, el sector privado, etcétera. Esto exige una nueva apuesta de ver la educación, una educación que sea inclusiva, es decir, que vea por sectores marginados socialmente excluidos. Los conocimientos adquiridos y la creatividad de nuestros estudiantes serán críticos para impulsar el planteamiento de soluciones más creativas e innovadoras a estos problemas.

 

Acerca del autor

Eleazar Reyes Barraza (elreyes@itesm.mx) es Doctor en Fisiología y profesor del Departamento de Bioingeniería y Alimentos. También colabora con el Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey a través del Semestre i.