El empoderamiento femenino desde la formación universitaria en negocios

Empoderamiento femenino.jpg

En la universidad debemos formar líderes con un fuerte compromiso social que asuman el empoderamiento de las mujeres como una parte integral de la sostenibilidad corporativa.

Foto: Bigstock

¿Cómo podemos promover y respaldar el empoderamiento de las mujeres? Es un cuestionamiento que los académicos de las áreas en Economía y Administración hemos puesto en discusión en los últimos años. Es importante considerar que a la par de los gobiernos y la sociedad civil, son las empresas agentes promotores del cambio y del desarrollo económico y social de las comunidades que impactan. Es por ello que las empresas tienen el compromiso de generar entornos laborales a partir de la adopción de modelos de empoderamiento que busquen el desarrollo de sus colaboradores masculinos  y el de sus trabajadoras reconociendo el derecho y capacidad que tiene ambos de opinar, decidir y actuar de manera igualitaria.

Según la Comisión de Mujeres Líderes por una Economía Incluyente, en México solo el 14.60% de las empresas tiene a una mujer como responsable del puesto más alto en la compañía. Esto se ve reflejado también en los consejos directivos y en la toma de decisiones con una participación de mujeres en promedio no mayor al 38% en las empresas mexicanas. Por ende, es necesario que las empresas diseñen, apliquen y midan acciones de igualdad entre sus colaboradores, asegurando que los ambientes laborales sean libres y democráticos para el desarrollo de todas y todos los que ahí laboran.

 

“La formación de los estudiantes en negocios generalmente utiliza un enfoque tradicional orientado a la producción de valor económico, dejando de lado o sin prioridad el compromiso social.”

 

Un factor determinante que puede originar este cambio, es el rol que desempeñan las universidades. Generalmente, la formación que suele darse a los estudiantes de negocio utiliza un enfoque tradicional orientado a la producción de valor económico dejando de lado o sin prioridad el compromiso social. Por ello la importancia que desde las universidades los estudiantes desarrollen habilidades administrativas con un fuerte compromiso social para diseñar modelos más incluyentes. No basta con desear que las mujeres dispongan de una mejor situación de vida, sino que se planteen estructuras y modelos de negocio que favorezcan verdaderamente el libre pensar, opinar y elegir de las mujeres, para que sea desde ellas donde se gesten los cambios.

Algunas empresas mexicanas han realizado grandes avances en esta temática, lo que les ha servido para ser consideradas como empresas socialmente responsables. Compañías como Restaurantes Toks, Grupo Financiero Banorte, Tupperware Brands México y Softtek, ven en sus colaboradoras la oportunidad para desarrollar nuevas ideas de emprendimiento y dar frescura a sus marcas y productos, a partir de su incorporación en los procesos de decisión, distribución, diseño, innovación y desarrollo en todos sus procesos. Ejemplos como los emprendimientos sociales de Conservas Santa Rosa, Mole Doña Yolanda y Granola Mazahua, que ha desarrollado Restaurantes Toks para promover el emprendimiento femenino, demuestran que el impulso y promoción de las mujeres puede dar grandes frutos. Por su parte el Grupo Financiero Banorte en 2017 se integró al Índice de Equidad de Género en Servicios Financieros de Bloomberg, listado que reconoce el trabajo en temas de igualdad de género a nivel internacional, aquí se puede consultar su informe anual 2017.

 

“Como docentes nuestra responsabilidad social, es garantizar que todos los proyectos que se gesten en las aulas sean verdaderamente inclusivos y que promuevan la participación igualitaria entre todas y todos los estudiantes.”

 

Bajo esta perspectiva, los puestos de liderazgo deben ser ocupados por personas que asuman el empoderamiento de las mujeres como una parte integral de la sostenibilidad corporativa, contando con competencias de reconocimiento, empatía y responsabilidad social.

Los entornos que no favorecen la autonomía y el empoderamiento, terminan siendo espacios en donde sus miembros son poco propositivos, pues consideran que su opinión vale poco o nada para sus superiores. Si a esto le sumamos la condición limitante que viven las mujeres en la región latinoamericana, la igualdad entre los géneros es un objetivo muy poco probable de ser cumplido. Lamentablemente, las propuestas que no se ejercen acompañadas con el desarrollo de la autonomía, o no proponen planteamientos racionales y de autodeterminación, tienden a repetir patrones de dependencia y no de empoderamiento.

Como docentes nuestra responsabilidad con la sociedad es garantizar que todos los proyectos que se gesten en nuestras aulas sean verdaderamente inclusivos y que promuevan la participación igualitaria entre todas y todos los estudiantes. Además, debemos promover entornos educativos donde se comprenda la importancia de crear espacios de libertad, apertura a las opiniones y de colaboración con un fuerte enfoque social.

Como universidad, tenemos la responsabilidad de desarrollar competencias que vayan más allá de la disciplina, considerando que la inteligencia social y el compromiso ético resultan ser una excelente oportunidad para desarrollar no solo a líderes competitivos que guíen a las empresas del mañana, sino también a mejores ciudadanos y profesionistas que sirvan a la sociedad en la que se desenvuelven.

 

Acerca del autor

José Carlos Vázquez Parra (jcvazquezp@itesm.mx) es Profesor del Departamento Regional de Estudios Humanísticos del Tecnológico de Monterrey en Guadalajara.