La evaluación por competencias en el laboratorio de ciencias

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Para reflejar el avance de las competencias que adquieren los estudiantes en el laboratorio ciencias, diseñamos una rúbrica analítica que define lo que se espera del alumno. Con esta misma rúbrica podemos dar retroalimentación asertiva sobre su desempeño de manera personalizada.

Foto: Bigstock

La implementación de un modelo educativo basado en competencias, busca integrar el conocimiento con el desarrollo de habilidades, actitudes y valores que componen una competencia. La pregunta importante que debemos hacernos como profesores es ¿Cómo podemos asegurarnos que un alumno adquiere las competencias definidas para un curso en particular? Para responder a esta pregunta, el primero paso es buscar una línea congruente entre las actividades que realizan los alumnos en clase y la forma en la que están siendo evaluados. Un error común cuando se inicia la implementación de un modelo por competencias, es la brecha que existe entre lo que esperamos que aprendan los alumnos y la inercia de evaluarlos de la forma tradicional con exámenes y quizzes. 

 

“Un error común cuando se inicia la implementación de un modelo educativo por competencias es la inercia de evaluar a los alumnos de forma tradicional con exámenes y quizzes.”

 

Las prácticas en el laboratorio que corresponden a las materias de ciencias son esenciales, porque los alumnos se desempeñan en un contexto real, y con una problemática establecida. En las clases que imparto: Materia y Entorno; y Materia y Sostenibilidad, los alumnos realizan prácticas donde aterrizan temas teóricos de la clase, como: medición de pH, elaboración de productos de limpieza, leyes de los gases, creación de polímeros, reacciones químicas, fuentes renovables de energía, entre otras.

Para reflejar el avance de la adquisición de las competencias que adquieren los alumnos en el laboratorio, utilizamos una rúbrica analítica para definir lo que se espera del alumno. Con esta misma rúbrica el profesor puede dar una retroalimentación asertiva sobre el desempeño del estudiante de manera personalizada y así trabajar de manera conjunta para que el alumno se desenvuelva de manera autónoma y autorregulada considerando las competencias disciplinares del área científica, entre las que se encuentran: la formulación de preguntas científicas, el planteamiento de hipótesis, la obtención, registro y sistematización de la información, el uso de normas de seguridad, el manejo de residuos, la recolección de datos, el contraste de resultados obtenidos en una experimentación, la comunicación de conclusiones y la documentación de fuentes de información.

 

“La evaluación por competencias en el laboratorio de ciencias propicia que los estudiantes sean conscientes de su propio aprendizaje.”

Uno de los factores claves del modelo basado en competencias es la retroalimentación del trabajo del alumno por parte del profesor. Mediante el uso de la tecnología con herramientas de Blackboard, el profesor comparte al alumno las observaciones realizadas en cada práctica de manera personalizada. De este modo, los alumnos pueden tomar en cuenta dichos comentarios para mejorar su desempeño en las prácticas subsecuentes. El tiempo invertido por el profesor para evaluar de manera individual se reduce y facilita la comunicación entre estudiante y profesor. El estudio completo se puede consultar aquí.

Otro factor clave para que funcione adecuadamente la implementación de un modelo por competencias es que la evaluación del alumno se lleve a cabo durante todo el proceso, por lo que como profesores tenemos que buscar momentos de evaluación a lo largo del semestre, y evidencias que reflejen el progreso de los alumnos. El trabajo como academia es crucial para enriquecer y homologar los instrumentos de evaluación.

La implementación de esta propuesta se llevó a cabo durante los semestres Agosto - Diciembre 2017, con más de 600 alumnos de tercer y cuarto semestre de nivel preparatoria. Los resultados (Gráfica 1) indican que la evaluación por competencias mejora el desempeño de los alumnos en el laboratorio, pues los convierte en actores de su propio aprendizaje y se vuelven más conscientes de lo que están aprendiendo.

 Gráfica 1. Comparación entre las competencias alcanzadas entre el reporte 1 y el 7 / Fuente: Giammatteo (2017)

Gráfica 1. Comparación entre las competencias alcanzadas entre el reporte 1 y el 7 / Fuente: Giammatteo (2017)

Por otra parte, la rúbrica se ajustó de manera que también se evalúe la autonomía del alumno, prestando mayor atención al uso de material de seguridad y al comportamiento en el laboratorio. A futuro, es importante establecer un mecanismo que permita evidenciar que efectivamente el alumno está revisando la retroalimentación del profesor, pues este factor es clave para mejorar el desempeño.

Como profesores, tenemos que comprometernos a divulgar y compartir lo que hacemos, con la finalidad de mejorar la educación científica en México y estar a la vanguardia en temas académicos. Necesitamos fortalecer las conexiones entre investigadores y docentes para así enriquecer nuestra labor y estar abiertos a incorporar nuevas prácticas educativas que pueden beneficiar enormemente la experiencia de nuestros alumnos.

 

Acerca del autor

Lucila Giammatteo es Química Farmacéutica Bióloga egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesora de Ciencias en el Tecnológico de Monterrey.