Proyectos académicos agroindustriales para reducir la pobreza

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A través de la ingeniería solidaria los alumnos pueden diseñar y llevar a cabo proyectos de desarrollo social con la participación de grupos multidisciplinarios donde apliquen su propio conocimiento a situaciones reales e ingenieriles.

Foto: Bigstock

Mi transición a la academia después laborar durante una década en la industria electrónica inició por un deseo profundo de compartir con los futuros profesionistas  la experiencia de trabajar en empresas de clase mundial, a través de acciones concretas que impacten y mejoren el entorno en el que vivimos.

Como profesor de ingeniería industrial, me permití explorar innovaciones educativas en el aula que redujeron el tiempo de investigación, diseño y desarrollo de soluciones. Con los alumnos implementamos dos metodologías para la creación de ideas y gestión de proyectos con el objetivo de diseñar actividades de alto impacto. Utilizamos la ingeniería del pensamiento para la identificación de productos y también la adaptación de mapas mentales y la cruz de malta para definir las actividades de un proyecto.

 

“Una de las mayores satisfacciones que tienen los alumnos cuando implementan proyectos para el desarrollo social es la aplicación de su propio conocimiento para un objetivo mayor: contribuir a la reducción de pobreza en su país.”

 

La ingeniería del pensamiento es un proceso de creatividad basado en recoger todas las ideas generadas, por ejemplo en una lluvia de ideas y a través de lógica de conjuntos reducirlas hasta aquellas que son factibles y viables de ser llevadas a cabo. Esto elimina la dispersión de ideas enfocando los esfuerzos y recursos a la solución de la problemática. El resultado es que el tiempo de diseño de un producto se reduce dramáticamente y se disminuye al mínimo los procesos de prueba y error (Almaguer et al., 2015).

Posteriormente, al tener ya un producto definido, con el apoyo de mapas mentales y de la cruz de malta adaptada a la gestión de un proyecto, se pueden definir a detalle cada una de las actividades. Así como sus relaciones con todo el sistema, eliminando uno de los problemas más reiterativos en la ejecución de proyectos que es obviar procesos y actividades que pueden ser críticas y provocar demoras en tiempo e incremento en costos.

De acuerdo con la evaluación del CONEVAL (2017), en México se ha determinado que la población que vive en condiciones de pobreza en el país es de 43.6 %, esto equivale a 53.4 millones de personas, de las cuales 9.4 millones viven en situación de pobreza extrema.

La ingeniería solidaria es la capacidad de diseñar y ejecutar proyectos de desarrollo social a través de grupos multidisciplinarios basados en soluciones sencillas e ingenieriles (Almaguer et al., 2013). En conjunto con un grupo de profesores implementamos una actividad llamada “La Ruta Solidaria de Sierra Gorda”. Esta actividad se llevó a cabo en colonias con alto índice de marginación y pobreza ubicadas en la ciudad de Guanajuato y Querétaro. El objetivo fue identificar espacios en los cuales los alumnos apliquen sus conocimientos con un impacto positivo generando una relación de “ganar-ganar” con la comunidad.

 

“Necesitamos empoderar a las personas para generar su propia riqueza con el fin de erradicar la pobreza extrema.”

 

Generamos agroindustrias en las zonas marginadas mencionadas. En una de estas comunidades encontramos que los huertos de manzana tenían una sobreproducción, incluso, era preferible perder el excedente de la cosecha debido al alto costo logístico de llevar el producto al mercado para su venta. Para evitarlo, planteamos darle un valor agregado al producto pensando en restricciones tecnológicas y de calidad del mismo. Al hacer la intersección de estas dos ideas o conjuntos, surgieron productos como son la mermelada de manzana y la sidra. Se crearon pequeñas envasadoras de mermelada de manzana, membrillo y mango, además, se diseñó una envasadora de sidra ecológica. Con esto se crearon cadenas de suministro de materiales entre las mismas comunidades, y de manera simultánea se diseñaron huertos de traspatio y la construcción de invernaderos para productos de autoconsumo. La ejecución de este trabajo se realizó durante una semana, la semana i, pero el trabajo previo requirió de tres meses de coordinación con las autoridades municipales y los ejidatarios.

En otro caso dentro del mismo proyecto, se diseñó una maquinaria específica para una peladora de nuez que llevó a los dueños de huertas de nogal en el municipio de Victoria, en el estado de Guanajuato, en la Sierra Gorda, a incrementar su productividad y darle valor agregado a su producto. Estas máquinas tardaron casi un año en optimizarse; se detectó la necesidad en los trabajos previos de la semana i del 2016 y en 2017 quedaron terminadas.

Una vez que definimos el producto que vamos a realizar, debemos elaborar un plan con la implementación del proyecto, sin obviar ninguna actividad por pequeña o insignificante que parezca. Para una administración eficaz del proyecto, podemos utilizar una técnica de mapeo de información conocida como Cruz de Malta en combinación con la técnica de mapas mentales. Esto nos permite definir perfectamente cada actividad, su responsable, duración, calidad del entregable y las relaciones de dependencia con otras actividades.

Cuando los alumnos trabajan de manera disciplinaria robustecen la competencia del trabajo colaborativo. También es cierto que no es sencillo diseñar e implementar proyectos con este tipo de alcance. Sin embargo, una de las mayores satisfacciones de nuestros alumnos en estas actividades es la aplicación de su propio conocimiento para un objetivo mayor que es contribuir a la reducción de la pobreza en su país.

La única manera de erradicar la pobreza extrema es a través de proyectos productivos que empoderen a las personas a generar su propia riqueza. Si deseas conocer más de estos proyectos o deseas colaborar con nosotros contactame en mi correo electrónico.

 

Acerca del autor

Carlos Alberto González Almaguer (cgonzalz@itesm.mx) tiene un Doctorado en Ingeniería Industrial con especialización en nuevos productos y procesos. Es profesor del Tecnológico de Monterrey y consultor independiente en temas de ingeniería industrial.