Bosque escuelas, enseñanza en espacios naturales

Niños en una bosque escuela analizando la flora

Desde hace algunos años han cobrado importancia las bosque escuelas, zonas al aire libre donde prospera la interacción con la naturaleza y florecen enriquecedoras experiencias educativas.

Foto: Bigstock

Estamos acostumbrados a concebir la educación en aulas, en espacios confinados por muros donde en ocasiones sólo una pequeña ventana conecta a los estudiantes con el mundo real. En este modelo de escuela se intenta innovar con tecnología para educar a distancia y se implementan nuevas estrategias instruccionales para transmitir mejor el contenido educativo. En ambos casos los alumnos tienen poca actividad física y se imponen rutinas que motivan poco a la experimentación. Desde hace algunos años han cobrado importancia las bosque escuelas en ciudades europeas, lecciones que se imparten en zonas al aire libre donde prospera la interacción con la naturaleza y se gestan enriquecedoras experiencias educativas.

Las llamadas Forest Schools (término traducido al español como bosque escuelas o simplemente escuelas en el bosque) son programas educativos que se suman a las actividades normales en el aula y se llevan a cabo en ambientes naturales. De acuerdo al Outdoor & Woodland Learning de Escocia, una bosque escuela es un programa de largo plazo que se lleva a cabo  una vez a la semana, en el cual los niños son apoyados en su aprendizaje en un ambiente al aire libre rodeado de naturaleza.

Los profesores de las escuelas en el bosque utilizan estrategias de aprendizaje y enseñanza con el objetivo de desarrollar confianza, capacidad de resiliencia emocional, independencia, habilidades de lenguaje y comunicación, además de aumentar los niveles de actividad física y bienestar mental.

Según un estudio de la Comisión Forestal británica, llevado a cabo durante ocho meses junto a líderes de bosque escuelas, profesores, padres y alumnos, este tipo de escuelas mejoran significativamente la experiencia educativa:

  • Los estudiantes generan más confianza en sí mismos; se expresan física y verbalmente con mayor libertad que en espacios cerrados.
  • Aumentan sus habilidades sociales y de cooperación.
  • Desarrollan lenguaje más sofisticado gracias a su experiencia sensorial.
  • Evidencian mayor motivación y concentración mientras juegan y aprenden.
  • Mejoran sus habilidades motrices.
  • Aprenden a respetar el medio ambiente mientras conocen la flora y la fauna.
  • Los profesores adquieren una nueva perspectiva de sus alumnos en ambientes distintos a los salones de clase.
  • Los alumnos se acostumbran a interactuar en ambientes naturales.

Este tipo de iniciativas de educación al aire libre podría ser adoptada en escuelas latinoamericanas para enriquecer la enseñanza y reducir la obesidad infantil. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 7.4% de menores de cinco años padecen obesidad en Sudamérica, 6% en Centroamérica y 6.9% en el Caribe.

Ante el inminente impacto de la automatización y las recientes transformaciones tecnológicas, vale la pena desarrollar habilidades que serán clave en el futuro, resguardar la naturaleza y explorar los alcances y beneficios que pueden brindar espacios educativos al aire libre.