Difícil de leer: los desafíos de los disléxicos

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De acuerdo a la Asociación Internacional de Dislexia, uno de cada 10 personas tienen dislexia.

Foto: Bigstock

Aunque el 20% de los niños en edad escolar en los Estados Unidos son disléxicos, se ha demostrado que no reciben la educación especializada que necesitan, particularmente al momento de enseñarlos a leer.

A pesar de que existe una ley en dicho país que obliga a las escuelas públicas a proveer ayuda a los niños con dislexia, los alumnos que sufren este trastorno del aprendizaje no reciben una educación apropiada. Las escuelas públicas no logran identificarlos con dislexia y cuando admiten que sufren de una discapacidad, en algunos casos, se niegan a reconocerlo.

El 5 y el 12 por ciento de los niños en los Estados Unidos tienen dislexia pero solo el 4.5 por ciento de los estudiantes en las escuelas públicas son diagnosticados. Además, la mayoría de los estudiantes a los que sí se les diagnostica es hasta al menos el tercer grado.

Existen enfoques comprobados que ayudan a los alumnos con dislexia a aprender a leer y mejorar su desempeño escolar.

El enfoque Orton-Gillingham

Uno de los enfoques más populares para ayudar a los niños con discapacidades de aprendizaje es el Orton-Gillingham, el cual se basa en comprender los mecanismos involucrados en el aprendizaje y sus procesos. Utiliza la enseñanza personalizada y se evalúa constantemente el avance del alumno según sus necesidades y progreso.

Una de sus principales características es la interacción constante entre el profesor y el estudiante, usando elementos auditivos, visuales y cinéticos, hace que el alumno escuche, hable, lea y escriba. Por ejemplo, un niño ve la letra E, y la pronuncia y escribe en el aire al mismo tiempo.

Otra característica es que es secuencial y acumulativo, esto permite seguir el orden lógico del idioma. Empieza con los conceptos más sencillos y, a medida que los alumnos aprenden nuevo material, continúa revisando el material anterior para reforzarlo.

También utiliza instrucciones sintéticas y analíticas para presentar las partes del lenguaje, seguidos por cómo éstas trabajan juntas para formar una palabra. Eso quiere decir que los alumnos comienzan leyendo y escribiendo sonidos de forma aislada. Luego mezclan los sonidos en sílabas y palabras.

Si se capacita a los maestros para identificar e intervenir de manera temprana en la educación de alumnos con dislexia, el 90 por ciento de los niños podrían ser educados en clases inclusivas regulares, lo cual no sólo beneficiaría a los estudiantes con dislexia sino a todos.