Educación personalizada: Un reto del siglo XXI

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El enfoque de la educación personalizada tiene mucho que aportar, pero es necesario trabajar sobre resultados.

Foto: Bigstock


Desde que las áreas de oportunidad en la educación estandarizada comenzaron a ser evidentes, la investigación docente se volcó hacia la educación personalizada como el siguiente paso en el avance educativo.

Tan solo en Estados Unidos, el gobierno ha invertido medio billón de dólares para incentivar en las escuelas la adopción de esta tendencia. En el ramo de la iniciativa privada, se han destinado cientos de millones con el fin de financiar investigación y proyectos que potencialicen la educación personalizada.

Sin embargo, el consenso entre los expertos es que este enfoque aún está en etapa de desarrollo, y no ha presentado evidencia contundente de su efectividad por encima del sistema estandarizado.

Benjamin Herold, experto en cobertura periodística para la educación, toca un punto clave para entender la disonancia que frena el progreso de la educación personalizada. Sostiene que el mayor problema que enfrenta este nuevo campo de la didáctica es que realmente no ha delimitado claramente su definición e implicaciones.

¿Qué es la educación personalizada? ¿Es un enfoque? ¿Un conjunto de herramientas y tecnologías aplicadas? ¿Un compendio de tácticas? Podemos definir la educación personalizada como toda práctica didáctica que ponga en el centro las aptitudes y áreas de oportunidad específicas de cada estudiante.

El problema, como sostiene Herold, es que no tenemos aún bien afianzado cómo aproximarnos a estas prácticas, ni qué es lo que las hace funcionar a nivel colectivo. Si bien, se han realizado estudios que comprueban la mejora de estudiantes en muestras controladas para materias como matemáticas y lectura de comprensión, siguen faltando piezas del rompecabezas para poder decir que la educación personalizada es efectiva.

Un ejemplo revelador sobre la problemática inherente a la ejecución de la educación personalizada, lo podemos encontrar en el blog de Paul Emmerich, educador especialista en tecnologías didácticas. Tras trabajar en Silicon Valley, para impulsar una de las startups que exploraba la educación personalizada, descubrió serias carencias y una incapacidad de garantizar un aprendizaje integral que preparara a los niños para la vida adulta.

La carga de trabajo era inmensa e insostenible, aun cuando sentía que hacía todo lo que me proponía hacer-curar el contenido educacional que era escogido específicamente para ellos- no sentía que fuera totalmente efectivo.

El principal conflicto para un educador como Emmerich: La desconexión y el carácter impersonal de una educación que se apoyaba más en los recursos tecnológicos que en el componente humano.

El acto de educar no es solamente la transmisión de conocimientos y la práctica de los mismos, es comunicación, enculturación, convivencia, colaboración. En un proceso en el que hay una siempre una computadora de intermediario entre el maestro y el estudiante, estos importantes elementos pueden perderse, sin embargo esto no quiere decir que la educación personalizada no funcione, tal vez solo que en este caso específico no hizo el mejor uso de las herramientas disponibles.

Los resultados e impresiones de diferentes casos varían mucho, en Nueva York, una asociación sin fines de lucro llamada New Classrooms, implementó un programa para la educación personalizada de las matemáticas. Los estudiantes reportaron aprender más al trabajar directamente con un maestro.

La razón de tener instancias de retroalimentación tan distintas, se debe a que la educación personalizada aún se encuentra en una etapa de experimentación, en la que los pilares que definen cómo ha de implementarse aún no están claros.

Para presentar la educación personalizada como ese gran avance en la forma en que concebimos el proceso de enseñanza-aprendizaje, es fundamental observar, estudiar a fondo, registrar resultados y trabajar en base a los mismos.

Hay que partir de la idea de que la educación personalizada no es un enfoque perfecto y es necesario generar soluciones que la optimicen, que la conviertan en un mejor camino para conectar con los estudiantes y enseñarles lo que necesitan saber en función de lo que pueden hacer, sin aislarlos de los otros niños con los que eventualmente tendrán que convivir y colaborar. Es un balance delicado, pero necesario si buscamos adaptar los esquemas educativos a los retos del siglo XXI.