Para un mejor futuro, educación universitaria de calidad para todos

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La Academia Estadounidense de las Artes y la Ciencias ha emitido un reporte titulado The Future of Undergraduate Education, The Future of America en el que emite tres recomendaciones clave sobre el futuro de la educación dirigidas a líderes educativos.

Foto: Pete Souza para la Casa Blanca

Por Esteban Fredin

En Estados Unidos, alrededor del 90% de los estudiantes de bachillerato irán a la universidad en algún punto de sus primeros años de adultez, pero eso no quiere decir que todos llegarán a su graduación. Sólo un 60% de los estudiantes de licenciatura o ingeniería (BAs y BScs) obtiene su título. Programas más cortos, como los certificados profesionales (≤ 1 año) y el grado de asociado (2 años), tienen un desempeño aún peor; sólo el 30% de los estudiantes logran graduarse.

Críticamente, estas bajas no ocurren de manera homogénea en la población: factores de género, raza, etnicidad y estatus socioeconómico juegan un papel determinante y sumamente desigual. Se gradúan más mujeres que hombres. Los estudiantes blancos y asiáticos terminan su educación con mayor frecuencia que sus contrapartes hispanas y afroamericanas. El alumnado de medio tiempo, en su mayoría gente con obligaciones laborales e hijos, desiste en su educación con mayor frecuencia que el de tiempo completo, típicamente adultos jóvenes sin responsabilidades económicas. La proporción de alumnos que obtienen un título favorece a los ricos sobre los pobres, y a aquellos en contextos urbanos sobre los rurales. Como apunta el reporte: “Estas disparidades reflejan y refuerzan otras inequidades sociales y son un obstáculo para el progreso de la sociedad” (trad. del A.).

El escenario no es particularmente sencillo, aún para quienes se gradúan. Estados Unidos está atravesando un periodo de fuertes cambios demográficos, tecnológicos y políticos. Las proyecciones indican que para el 2040 no habrá una mayoría étnica o racial en el país y la automatización y la competencia internacional seguirán transformando el mercado laboral. En consecuencia, la lucha entre la democracia y la demagogia se complicará más en esta era de fake news. Los ciudadanos necesitan una educación universitaria de calidad para distinguir los hechos de las ficciones y lograr que análisis racional y el debate perduren en un entorno mediático que favorece la brevedad y la banalidad viral.

Frente a estas realidades, la Academia Estadounidense de las Artes y la Ciencias (AAAS por sus siglas en inglés) ha emitido un reporte titulado El futuro de la educación pregrado, el futuro de Estados Unidos. (The Future of Undergraduate Education, The Future of America) en el que emite tres recomendaciones prioritarias dirigidas a los tomadores de decisiones en educación:

  1. Asegurarse que todos los estudiantes —sin importar su programa de estudios— tengan experiencias educativas de alta calidad que los preparen para el éxito en el siglo XXI.

  2. Incrementar las tasas de graduación y reducir las desigualdades entre las diferentes poblaciones estudiantiles.

  3. Controlar los costos e incrementar la asequibilidad para que toda persona que pueda beneficiarse tenga acceso a la educación universitaria.

Cada una de estas recomendaciones es en realidad una estrategia comprensiva que se desglosa en varios puntos y ejemplos de ‘prácticas prometedoras’ ya implementadas en algunas instituciones de vanguardia (también hay una versión resumida disponible). En general, el documento es un importante punto de partida para comenzar la discusión sobre una verdadera reforma de la educación superior, ya que muchas de sus recomendaciones no son únicamente válidas para los EE.UU., ya que Latinoamérica vive en una situación muchas veces análoga.

A continuación presentamos un breve resumen de estas recomendaciones.

Dentro de la primera prioridad, mejorar la experiencia educativa, el reporte recomienda mejorar la calidad de la enseñanza a través de una mejor preparación, selección y evaluación de los profesores. También resalta la importancia de integrar alumnos con antecedentes diferentes y mejorar las condiciones de trabajo de los profesores de cátedra (non-tenure). Otro componente clave es la educación basada en competencias. Críticamente, también habrá que ser muy cuidadosos en medir el impacto de las tecnologías educativas en el aprendizaje, ya que, como el reporte señala, varios estudios indican que estas nuevas formas de enseñar pueden impactar negativamente a las poblaciones más vulnerables, como los estudiantes de estrato socioeconómico bajo y quienes son los primeros en su familia en asistir a la universidad. Para asegurarse de esto, el reporte señala que es necesario que el gobierno federal garantice fondos para la investigación educativa.

En cuanto a la segunda recomendación: aumentar las tasas de graduación y disminuir la desigualdad, el reporte propone que las universidades hagan de ella una prioridad. Será necesario el empleo de la analítica de datos para medir el impacto de sus políticas. Además deberán asegurarse que los alumnos tengan conexiones significativas con el personal y cuerpo docente. También es necesario un esfuerzo institucional por entender y asistir a grupos vulnerables. Será importante también el diseño de guías o pathways que ayuden a los estudiantes a ahorrar tiempo y dinero en la obtención de su título, así como mejorar la transferibilidad de créditos entre instituciones educativas.

El reporte también considera que las alianzas con futuros empleadores  a través de proyectos y prácticas será de mucha importancia para motivar a su alumnado a completar su educación. Por otro lado, las universidades tienen que tomar un rol activo en mejorar la educación preuniversitaria. El reporte también enfatiza que el gobierno a nivel tanto estatal como federal tiene que involucrarse en este punto estratégico.

Para la tercera recomendación: controlar los costos y mejorar la asequibilidad de la educación para todos, el reporte propone un trabajo conjunto entre ambas instancias gubernamentales, las instituciones educativas y las agencias regulatorias. Es necesario mejorar el sistema de becas y créditos y enfocar la ayuda a las poblaciones que más lo necesitan y que más se podrían beneficiar. Por otro lado es necesario reducir el costo de la educación sin comprometer su calidad.

Las recomendaciones de The future of undergraduate education son vastas e incluyen a todos los actores responsables de la educación pregrado en los EE. UU.. Se trata de una publicación crítica y objetiva, sin embargo, esperanzadora en una época en la que la humanidad parece estar en retroceso. Aún existe la posibilidad de un futuro mejor y se logrará a través de la educación de calidad que se articule en torno a ideales democráticos e incluyentes.